Mi yo más honesto en imagen.

creatividad narrativa

Mi yo más honesto en imagen.

Nunca me gustó salir en las fotos. No me reconocía y pensaba que me faltaba eso indefinible y tan preciado como es la fotogenia. Siempre salía mal. Prefería estar al otro lado y ser quien disparaba o esconderme en la fila del fondo de un grupo para que no se me viera mucho.  ¿Te suena?

Creo que esto de “salir mal en las fotos” es una epidemia generalizada. No nos gustamos a nosotros mismos. Nos da vergüenza reconocernos o, peor aún, no reconocernos. Porque las fotos muestran nuestra versión más oculta. Ésa que, posiblemente, ven los demás y que para nosotros es la más difícil de mirar.

La primera vez que me autorretraté fue para un ejercicio de clase de fotografía. Es un clásico de cualquier curso que se precie: el autorretrato. Lo pasé fatal. Todos en clase lo pasamos mal. Enfrentarte a tu cámara es duro. Y no hablo de técnica sino de forma y modo. Yo no quería que se me viera.

Quería hacerme un retrato sutil y escondido. Como en muchas ocasiones, Pinterest fue mi inspiración. Y entre sus imágenes vi la de unos labios rojos que se perdían en un líquido blanco. Me encantó.

foto de @fotojumay

Estuve investigando sobre cómo hacer aquel retrato. Descubrí a su autora, Juana Mari Moya, conocida en Instagram como @fotojumay. Llegué a preguntarle sobre cómo había conseguido aquella imagen: fácil, en una bañera con agua y leche.

Manos a la obra. Yo quería pintar con rojo en un lienzo blanco. Jugar con la velocidad para que la luz fuera un brochazo de imagen. Y el resultado me fascinó. Me gusté sin reconocerme. Un disfraz tan sutil y tan poderoso que me convirtió en súper heroína. ¿Sabéis cuál fue el poder que gané? La pérdida de miedo a la cámara.

Descubrí que un autorretrato no es una pose. Que no hace falta buscar aquello que ven los demás de ti cada día. Sino que puedes trascender tu propia identidad para encontrar mucho más.

Con este post podría llevaros a la necesidad de inspirarnos para crecer, a no copiar y buscar un lenguaje propio, a estirar del hilo para encontrar nuevos caminos.

Pues de eso va y de algo más.

Tras cuatro años de practicar (y trabajar) con el autorretrato me consideraba una impostora. Mis autorretratos no eran retratos honestos de mí misma. Era incapaz de hacerme una foto en la que se me viera tal y como soy. Me sentía teatralizada, siempre luciendo mi traje de súper heroína en escenas precocinadas. Porque no ser yo me ayudaba a ponerme frente a la cámara.

autorretrato ohevalo

Hace un par de años pedí a dos amigas fotógrafas que me hicieran una sesión de fotos para mi nueva web. Alquilamos un estudio, me llevé varios looks y atrezzo para la ocasión: portátil, libretas, cámaras, … Quería las típicas fotos donde se me viera trabajando, en poses divertidas pero casuales. De esas fotos que veo en otras webs y que te transmiten profesionalidad y honradez. Pasamos una tarde de risas entre amigas. Ellas a cambio me pidieron una sesión en la bañera con agua, leche y labios rojos. Irónico, ¿no os parece?

Aquellas imágenes se quedaron olvidadas en el disco duro. No me sentía reconocida. Acostumbrada a mis otros yo, esas imágenes dejaron de representarme. Eran (y son) como tantas fotos de otras tantas webs de profesionales que quieren transmitir profesionalidad y honradez. Unas fotos más.

La elección de fotos para mi propia web supuso un bloqueo que requirió de la labor de un coach profesional.

Conté con la ayuda de Rafa Armero, especializado en coaching creativo. Él lo veía claro: lo que menos debía preocuparme era hacerme una nueva sesión de fotos. Solo había que recorrer mi galería de Instagram y elegir. Reconozco que necesité de su ayuda para elegir(me) pero entendí que estaba buscando un lenguaje propio mirándome en imágenes ajenas. Cuando mi narrativa visual hacía mucho que la tenía.

autorretrato ohevalo

Solo tuve que seleccionar entre mis autorretratos salpimentados de magia. En la manera de mirarme, me encontré.

Fue sin querer, pero ya me reconozco.

Recuerda: tú tienes la respuesta de lo que eres. Una vez más, tu historia la narras tú. No te dejes influenciar por lo que la mayoría hacen y encuentra tu propio camino.

No será fácil, requerirá de trabajo, de tropiezos, de inseguridades. Habrá quien no entienda qué haces ni para qué. Muchas veces ni tú mismo lo sabrás. Pero sigue caminando, sigue descubriendo, sigue narrando tu historia. La inspiración te encontrará trabajando. Y sin darte cuenta tendrás un estilo, un lenguaje, una forma de mirar y de comunicarte.

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